Hace unos días, Leroy Gutiérrez nos hablaba de la portada de la edición de octubre de la revista Esquire, que trataba de hacer historia siendo la primera publicación impresa en emplear la tinta electrónica. Debo decir que el resultado es espectacular, pero no deja de ser un fragmento de la portada y un anuncio. Un reclamo publicitario, en definitiva, en el que seguramente no hayan recuperado gastos pero que les ha llevado a blogs de todo el mundo en una promoción impagable.
El siguiente invento va algo más allá, siendo un artefacto independiente de la tinta impresa. Plastic Logic ha presentado su propuesta. Tiene casi el tamaño de un A4 y está reforzado con un plástico flexible que lo robustece pero evita la flexibilidad propia de esta tecnología. Funcionará de forma inalámbrica, aunque no se ha hecho público con qué tecnología, y será compatible con documentos de Microsoft Office sin necesidad de realizar ninguna conversión.
Aquí les dejo el vídeo oficial de la presentación:
Sin duda estamos en una época de cambios en la que se establecerán las bases para la edición del futuro. De nosotros depende asimilarlas y ponerlas en práctica con toda la celeridad que esté en nuestras manos.



Los avances tecnológicos siempre son fascinantes y hacen soñar con grandes cambios de la sociedad. Sin embargo, no hay que dejar de prestar atención a cómo son las cosas en el presente y menos olvidar cómo han sido en el pasado.
Cuando alguien como Bill Gates responde que la tecnología no es capaz de transformar la educación, mucho menos en aquellos países en los que la gente todavía está luchando por tener un suministro seguro y constante de electricidad, entonces anuncios como el de la tinta electrónica o el de Plastic Logic deben invitarnos a pensar sobre qué es lo que realmente va a cambiar gracias a estas tecnologías: ¿el conocimiento, su transmisión o su venta y adquisición?
Sueño con que la industria del libro se tranformará paulatinamente pero, sobre todo, en los países más industrializados, donde hay más personas con recursos para adquirir gadgets y devices, y suscribirse a los servicios de descarga de contenido online. Mientras que en los países menos afortunados, la industria editorial, si existe, estará atrasada o en otro estadio de evolución. Es decir, el mundo se dividirá, una vez más, entre los que pueden comprar un libro electrónico y los que pueden comprar un libro impreso.
Al final de cuentas, como editor lo que menos me preocupa es cómo vamos a hacer para publicar (hacer público) un contenido: texto e imágenes, sino cómo vamos a hacer para que las personas sigan interesándose por el contenido, por leerlo sin importar su formato. Ya hay gente preguntándose e indagando sobre si Internet y la tan nombrada nueva forma de leer no han comenzado a afectar negativamente nuestro proceso cognitivo. Si nos fijamos, tal parece que a medida que surge nuevas maneras para producir e intercambiar información, ésta no sólo ha comenzado a degradarse (basta con ver los noticieros de TV y leer ciertos diarios) sino que los usuarios o lectores han comenzado a perder su capacidad e interés por un contenido de mayor calidad.
Antes de que esto suene a escatología, lo cierto es que los editores tienen como principal reto, más que determinar cómo hacer más dinero, es qué hacer para no perder a los lectores, a los que leen sobre papel o sobre la pantalla.
Muchas gracias Leroy por tu reflexión. Sinceramente me ha hecho pensar y relativizar un poco estas cosas.
Estoy contigo en que hay que pelear por llegar a un mayor número de lectores pero ¿y si ésta es la forma? No sé qué precio tendrá cuando salga a la venta, se hablaba de 300 ó 400 euros que es demasiado. Pero supongamos que llega a valer 100, o mejor aún 50€ cuando haya competencia en este tipos de dispositivos… ¿Cuántos contenidos gratuitos se podrían utilizar? ¿Cuánto bajarían los precios de los libros al eliminar intermediarios? Sería un paso más para la democratización de la cultura -no quiero ser demagogo- y digo esto yo, que lo primero que hago al abrir un libro es olerlo y nada más cogerlo palparlo para sentir cómo es su tacto.
Espero subir esta semana un pequeño vídeo que va totalmente en la línea de lo que comentabas.
La inquietud que plasma Leroy en el comentario es general entre los profesionales del sector editorial. Pero me gustaría hacer algunos comentarios al respecto:
1- “entre los que pueden comprar un libro electrónico y los que pueden comprar un libro impreso”: esto continúa ocurriendo en muchas partes del mundo entre los que NO pueden comprarse un libro y los que pueden comprarse, al menos, uno al año. Este asunto es preocupante en cuanto al alcance de la Cultura en la globalidad del planeta: sería un tema más bien de derechos humanos. Aun así, (y no quiero parecer frívola) el sector editorial continúa desarrollando su actividad y, por ello, no se desgarra las vestiduras.
2- “cómo vamos a hacer para que las personas sigan interesándose por el contenido, por leerlo sin importar su formato”: ahora y antes, un buen texto ha funcionado siempre: de los medios impresos (diarios, libros, cuartillas…) a la radio, de la radio a la televisión, de la televisión a internet… y, ahora, tocará de internet al formato con “tinta digital”. El cambio, en los tiempos que corren, es inevitable; sólo tenemos que saber adaptarnos (como se ha hecho siempre).
3-”a medida que surge nuevas maneras para producir e intercambiar información, ésta no sólo ha comenzado a degradarse (basta con ver los noticieros de TV y leer ciertos diarios) sino que los usuarios o lectores han comenzado a perder su capacidad e interés por un contenido de mayor calidad”: esta sensación se tiene siempre que hay algún cambio, que se avanza en algún sentido (”antes era mejor”, dicen algunos). Es cuestión de perspectivas…
4- “qué hacer para no perder a los lectores, a los que leen sobre papel o sobre la pantalla”: hay que ser realista y admitir que, si vamos a para a la “tinta roja”, viviremos un proceso de cambio en el que convivirán las dos formas. No tenemos que ser pesimistas; quizá se complementen perfectamente y podamos mantener los lectores “sobre papel o sobre la pantalla” y los “nuevos lectores” (no sé cómo llamarlos). Creo que la tecnología es una buena herramienta para “enganchar” a las nuevas generaciones a la lectura.
Estoy de acuerdo con Virginia de que hay que adaptarse al cambio y que éste siempre produce un poco de temor, especialmente entre los más conservadores. También es cierto que, hasta ahora, ningún medio ha sustituido a otro. Más bien se han complementado y cada quien decide cuál le gusta o le conviene más.
Y más que pesimista, sugiero no ser excesivamente optimista. Seguramente los problemas y retos seguirán siendo los mismos: elaborar el mejor producto posible con recursos limitados empleados de manera eficiente.
Tal vez lo que me incomode de todo la fiesta que se ha armado en torno a los e-books y a la e-ink es que fundamentalmente se habla de “modelo de negocio” y de una “democratización del conocimiento”. Pero no estoy seguro de que lo más importante -desde el punto de vista de un editor, no de un grupo editorial- sea determinar cómo se puede ganar dinero con las nuevas tecnologías sino pensar en cómo crear mejores productos gracias a éstas. Y que el conocimiento se democratice es más, como bien apunta Virginia, un asunto de derechos humanos que formato o soporte.
Y sí, el mundo sigue girando, no importa que no se lea.
El hecho es que existe una necesidad de información, la cual ha cambiado mucho hasta el punto de pasar a una sobre información que satura y que, normalmente no llega a ningún receptor. A veces en un periódico ocurre eso, hay secciones que no leemos o que pasamos rápidamente por ellas. Poder descargar lo que a nosotros nos interese a un dispositivo de este tipo nos ahorraría tiempo, pero por otro lado no tendríamos la oportunidad de enterarnos como si ojeando un periódico nos sorprendiera cualquier noticia. La “fiesta” que apuntaba Leroy es algo premeditado por los grandes, el fluir de la economía y el crecimiento monetario se desarrolla creando necesidades –a veces falsas- y nosotros –plural mayestático- vamos detrás para satisfacer nuestras falsas expectativas. Soy muy escéptico en lo que concierne a la literatura y la tinta electrónica. También con los ensayo, grandes obras de consulta o la literatura gris en general. Creo que no es posible leer bien un poema en una pantalla, de verdad, no sé si es una pose algo pseudoromántica o idealista del asunto pero es mi opinión. En cambio las ediciones de consulta rápida como periódicos, algún tipo de blogs, etc. Encajan perfectamente con la filosofía de estos dispositivos y a la larga saldrán económicos.